Leonardo “el Colo” Gil ya está en Arabia Saudita donde este viernes debutará en Al-Ittihad. Desde Yidda dialogó con Pasta de Campeón sobre esta nueva experiencia, sus sentimientos por Rosario Central y los amores que dejó en Comodoro. “Siempre uno cuando viene a un país nuevo se encuentra con cosas diferentes; diferentes culturas, sociedades, pero me encontré con cosas muy positivas”, admitió.

Por Fredi Carrera 

“Dar lo máximo”. La frase resuena a lo largo de la entrevista y cuando la dice, a Leonardo “el Colo” Gil, le cambia el tono de voz. Quienes lo conocen desde chico, cuando barría y trababa en la CAI, recuerdan que siempre demostró un ímpetu muy particular: las ganas de llegar a Primera que no todos tienen.

Cuando él habla también lo transmite y lo deja en claro, respecto a lo que buscará en su nuevo destino. “El desafío es dar el máximo y disfrutarlo, porque nadie esta libre de que le puede pasar mañana”.

Por estos días “el Colo” transita su segunda semana en Arabia Saudita, país en el que continuó su carrera luego de su paso por Rosario Central, Talleres, Olimpo de Bahía Blanca y la CAI.

En Yidda son cerca de las 9 de la noche, y el santacruceño, que hizo en inferiores en la CAI, donde debutó en la B Nacional, hace una pausa a su rutina para charlar con Pasta de Campeón. Al Colo se lo escucha contento.

“Estoy contento, tranquilo. Siempre uno cuando viene a un país nuevo se encuentra con cosas diferentes: diferentes culturas, sociedades, pero me encontré con cosas muy positivas. Es una ciudad hermosa, para vivir muy linda, ha cambiado mucho. Hay muchas costumbres que se siguen manteniendo y otras que se cambiaron. Las mujeres pueden manejar, andar con el pelo suelto y con ropa moderna. Es una sociedad en la que se respeten mucho y eso está bueno”, confiesa.

El 29 de diciembre “el Colo” aterrizó en tierras árabes junto a su agente Adrián Castellano, con quien trabaja desde sus tiempos en la CAI. Juntos pasaron un Año Nuevo distinto, ya que en Arabia las fiestas pasan inadvertidas.

Esa noche ellos comieron, se saludaron y acostaron a dormir. Al otro día él tuvo su primer entrenamiento, en un fútbol distinto al que está acostumbrado. “Es una liga que trae muchos extranjeros, que se esta haciendo muy competitiva, la comparo mucho con la MLS. Hay una infraestructura muy grande, el club es muy grande y lleva 60 mil hinchas todos los partidos. Eso está bueno, además las instalaciones son muy buenas. Es primer mundo. Hoy está creciendo mucho”.

“El Colo” asegura estar preparado para el desafío. Confiesa que se trabaja de una forma similar y dice que él tiene un solo objetivo: “dar lo máximo”.

La charla se va distendiendo. Los miles de kilómetros de distancia se unen a través de dos aparatos y una aplicación que todo lo puede. El volante admite que antes de decidirse por Arabia tuvo ofertas de Tijuana, la U Católica y otros clubes, incluido San Lorenzo de Almagro. Sin embargo, al momento de tomar su decisión pensó en una cosa: la situación del país.

“Lo que me llevó a tomar esta decisión es como está el país. Uno piensa en la familia y el país viene pasándola mal, creo que la economía está mal. El fútbol ya no es el mismo, si siquiera creo que a los extranjeros le conviene por lo económico. Entonces me incline por la idea de poder quedarme muchos años aquí, en un país de primer mundo, y es una carrera corta que hay que aprovechar”.

SENTIMIENTOS DE UN DISTINTO

Gil sabe que está en el mejor momento de su carrera futbolística, que se inició en la lejana Comodoro Rivadavia, cuando fue tentado por la CAI para venirse a la pensión.

Atrás quedó Rosario, su lugar en el mundo, según confesó. “Con Rosario he conseguido cosas importantes. El cariño que me han dado ahí no me lo dan dado en ningún lado. Creo que encontré mi lugar en el mundo. En algún momento espero poder volver”.

Por supuesto “el Colo” tampoco se olvida del sur, de aquellos años de pibe, tribuna y pensión. “Siempre de chiquito tenía una meta en mi cabeza, que era poder ayudar a mi familia. Desde que estuve en la escuelita de Lucho Fernández, hasta Ferro y la CAI, donde estuve 8 años viviendo”, señala. Y destaca: “en el club aprendí muchísimo con Víctor Doria, Mario Amado y Fabián Salazar, que en paz descanse. Creo que me ha ayudado a mucha gente, los mismos compañeros, y los chicos de la pensión”.

La charla deambula por los mismos caminos. Surge el idioma y sus conocimientos de inglés. Asegura que finalmente aprendió y que se lo debe todo a una persona que quiere mucho: Gabriela Ercoreca, su madrina.

“Ella siempre me ayudó como un hijo. Ella me enseñó inglés, me decía prepárate. Hasta el día de hoy habló con ella y también sigo aprendiendo día a día. Eso hace que sea la adaptación más rápido”, admite.

La familia Ercoreca guarda un rincón aparte en su corazón. “Juan es como mi hermano y Facundo Igual. Ellos, igual que Jorge, me han ayudado mucho cuando no tenía nada. Me pasaban a buscar, me lavaban la ropa y me daban contención en su casa porque mi viejo no podía viajar por lo económico. Toda la vida voy a estar agradecido de ellos”.

Al igual que Rosario, la CAI es algo fuerte para el volante. “La CAI es como cuando conocés a tu primer amor. Yo siempre digo que gracias a la CAI, que me formó en la cancha de tierra, el viento y canchas como Petroquímica, kilómetro 5, USMA, soy lo que soy. Creo que me ayudó muchísimo en lo técnico y los tiempos con la pelota. Me han enseñado muchísimo. Creo que me han ayudado mucho y siempre voy a estar agradecido con el club. Ojalá que siga siendo un club social y que ayude a los chicos a llegar a Primera”.

La charla va llegando a su fin luego de varios minutos. En Comodoro el viento sopla fuerte y otros cientos de chicos entrenan en los mismos lugares que “el Colo” alguna vez piso.

En Yidda todo es distinto, y “el Colo” lo sabe. “Mi objetivo es primero adaptarme lo más rápido posible. Pero estoy feliz, vine a un club espectacular y el desafío es dar el máximo y disfrutarlo, porque nadie esta libre de que le puede pasar mañana”, cierra, asegurando que quiere dejar su marca en el club, tal como ha hecho en cada cancha que pisó.